martes, 17 de agosto de 2010

El hombre misterioso

"Macanudo" de Liniers

sábado, 14 de agosto de 2010

Así sos vos...


Simple, sencilla, tranquila, hermosa y radiante sos. La sonrisa que me ilumina todas las noches, las palabras que me animan a mirarte por el reflejo, las canciones que me acompañan.

La vergüenza de no animarme, la tristeza de no arriesgarme, la pena de no tenerte por la sencilla manía de no quererme.

Pero seguís ahi, acompañándome sin saberlo, mirándome sin hacerlo, estando sin estar. Y por ahora es suficiente.

Mañana seguramente será el día que ambos esperamos para finalmente ser felices.

jueves, 14 de enero de 2010

Cuando viaje será con vos


A París no quiero ir solo. Quiero llegar con ella de mano en esos días de invierno cuando la nieve de la navidad cae sobre las copas de sus árboles y pasear por Champs Élysées. Después nos sacaremos las fotos en la torre Eiffel, pasearemos por Montmartre y nos sentaremos abrazados a ver como el arte, la bohemia y la tradición se funden en la imagen más representativa de una ciudad que había quedado atrás, hacía ya unos 100 años.

Porque no también comprar una pilcha por ahí y pasear por el museo más importante del mundo. Seguramente a la noche, tomarnos un vino y comernos una de esas famosas tablitas de quesos como para comenzar calentar el ambiente, que luego deberá terminar en el cuarto del pettit hotel para experimentar porque que París es la ciudad del amor.

martes, 22 de diciembre de 2009

Picasso I



"Macanudo" de Liniers

viernes, 18 de diciembre de 2009

Amor en Botsuana

Kasumpe Mapembe, era su nombre. Vivía en un pueblo pequeño de Botsuana, más bien una aldea campesina donde los negritos comían basicamente lo que cultivaban y mucho no conocían de las bondades del sistema capitalista, salvo por aquellas veces en las que tenían que vender alguna que otra cosa para comprar algo de vestimenta y taparse las bondades que la raza les brindó.

Kasumpe siempre fue un tipo muy especial y desde pequeño experimentó la soledad como un modo de vida. Sus padres lo querían mucho y siempre lo acompañaron en sus cosas, por lo que el pequeño "Kea", como le decía su madre, nunca se negó a ayudar en las taréas del hogar, aprendiendo así, desde muy pequeño el valor de la huerta familiar que le brindaba el alimento diario, y de su casa, que lo protegía tanto del sol, como de la lluvia.

De esta manera fue forjando su espíritu trabajador, dejando de lado muchas veces las oportunidades para hacer amigos y conocer más a los otros chicos de la aldea. Una vez tuvo que enfrentarse con uno de ellos, sin querer Okoro jugando con unas ramas, había golpeado a una de las cabras y la dejó muy lastimada, lo que provocó la reaccion de Kasumpe. Desde ese día, Kea, miraba de mala manera el juego de lo jóvenes, porque no entendía como podían perder el tiempo en esas cosas en lugar de cuidar de sus alimentos.

Cuando cumplió diecisiete años, su madre llegó con la noticia que debía casarse con Maisha, una jóven de la aldéa vecina que había cumplido hace poco tiempo la edad necesaria para juntarse con un hombre en matrimonio. Habían arreglado una boda muy beneficiosa para la familia. La dote de
ésta contemplaba la incorporación de tres vacas, un toro semental y cinco cabras al ganado familiar, por lo que Kea no se pudo resistir mucho, sin embargo, sintío en ese momento que estaba perdiendo su más amado tesoro, vivir en soledad.

La vida en conjunto era un poco incómoda. Maisha con quince años, sabía hacer todas las cosas del hogar a la perfección, incluso le enseño a Kasumpe como hacer bien las tareas de conyuge, ya que este mucha idea no tenía y hablando de amor la cosa aveces se le complicaba más de la cuenta. Con esto comenzaron los problemas, ya que mientras el marido pensaba en cuidar su huerta, ella pretendía agrandar el clan, y como sabemos, la carrera profesional y la familia casi nunca van de la mano.

Sin embargo un día "Mai", se dío con la novedad que estaba esperando un nuevo integrante para el clan Mapembe. Como era de esperar a Kea no le gustó mucho la idea, pero muchas alternativas no tuvo y comenzó a agrandar sus parcelas, para alimentar a su primogénito. El disfrutaba mucho del tiempo en soledad que la huerta le brindaba, mientras que le disgustaba tener que pelear por tonteras cotideanas con su mujer embarazada.

Un día finalmente nació Yawo. Era muy parecido a Kea, tenía una gran frente y la naríz chata y grande. Era un bebé muy calmo y bueno, y los primeros meses dormía más que lo que lloraba. Fue creciendo en un ambiente cálido y confortable, y desde pequeño su padre le enseñó la importancia de la granja familiar, pero el pequeño Yawo, no había heredado ese sentido de pertenencia al suelo de su padre y prefería pasar el tiempo jugando y aprendiendo cosas de sus abuelos.

No hubo otro hijo en la familia. En parte porqe Kasumpe se había negado muchas veces a ejerecer sus deberes maritales, y en parte porque Maisha había perdido el entusiamo de tener otro hijo luego del doloroso parto. Sin embargo, no había perdido las ganas de estar entregada a un hombre que la complemente física y espiritualmente.

Hacía diez años que estaba junto a su marido, pero ya hacía un tiempo que se encontraba por las tardes, mientras Kea trabajaba, con un amigo de la infancia. Con Bardu, ella si podía tener lo que Kea le negaba, y asi fue como durante tres años le fue infiel a la persona que le había dado a su único hijo.

Un día Mai, cayó muy enferma, no supieron que le sucedió y finalmente murió despues de cinco meses de una agonia, causada por fuertes dolores en su cuerpo, altas temperaturas a causa de fiebre y manchas que de a poco fueron expandiendose por todo su cuerpo.

El jóven Yawo, apenado por la muerte de su madre, dejó la aldea y siguió su camino a Gaborone, donde pudo conseguir un trabajo y olvidar la tristeza que le había dejado un pueblo sumido en la pobreza, una madre infiel a su padre, posteriormente fallecida y un padre que nunca entendió que la granja no era su prioridad.

Así fue como Kea, ya de 30 años, otra vez se había vuelto a quedar solo y si bien había sentido pena por la partida de su hijo, y la muerte de su mujer infiel, en realidad él ya estaba preparado desde hace mucho tiempo para lo que el destino le tenía preparado. Y así Kea volvío a encontrarse con su viejo gran amor, con el cual si pudo convivir sin problemas hasta el último de sus días.